Las vueltas de la vida

Mi abuelo está más presente que nunca. Ya les conté que celebramos su llegada al país 100 años atrás.  También quiero a invitarlos a disfrutar del video Taller Pallarols 100 años en Buenos Aires, que con imágenes y fotos refleja nuestra historia familiar. Hace unos días les relataba a unos amigos la manera en que las pequeñas sagas familiares se entremezclan con la historia de la tragedia y la bonanza, la guerra y la paz de los pueblos y las naciones. Me quedé pensando que era una buena anécdota para compartir con los lectores del blog.

El primer ejemplo de los caminos de la vida es sobre mi abuelo José. Resulta que corría el mes de julio de 1909 y los trabajadores habían convocado a una huelga general en Barcelona. Nada hacía presagiar que una “Semana Trágica” acababa de comenzar. Un grupo de hombres y mujeres asalta e incendia el Patronato Obrero de San José en el Poblenou, el primero de los muchos edificios religiosos que ardieron por aquellos días. Resulta que ese convento lindaba con la casa de mis abuelos y pertenecía a las Hermanitas de la Asunción (conocidas como Hermanitas de los Pobres). Las hermanas que logran escapar, lo hacen por los fondos del convento, saltan la pared y se esconden en casa de mis abuelos. Ellos las protegen, las hacen pasar por primas del campo y así salvan sus vidas.

Cuando mi abuelo llega a la Argentina, su primer destino fue la calle Guayra, en Nuñez. Él decía que era un barrio muy apacible, mientras que la zona de Retiro era un arrabal violento y peligroso. Si embargo, lo alentaba el deseo de trabajar en una zona céntrica, puesto que podía acceder con más celeridad a sus clientes y proveedores, que por aquel entonces se ubicaban por la calle Libertad o el Pasaje de La Piedad.

Como si fuera posible que los deseos se cumplan, algunos años después, mis abuelos se reencuentran con aquellas monjas a las que habían salvado. Ellas habitaban en un convento de grandes dimensiones, en la calle Carlos Calvo 1325. Entonces, la hermana María de la Compasión y la hermana Antonia, quien falleció recientemente, en agradecimiento por aquel acto, le ofrecen espacio en la casa, y así fue como mi abuelo logró tener su taller en uno de los laterales del convento durante los siguientes veinte años.

El segundo ejemplo de las vueltas de la vida involucra a mi padre. En el año 1939, cansado de la ciudad, él se traslada a Lomas de Zamora donde abre su propio taller. Años después, sobreviene la quema de las iglesias en Buenos Aires y comienza la persecución de los sacerdotes. Son, entonces, los frailes catalanes de Río Cuarto, entre ellos el padre Tresserras y Fray Solá, quienes se refugian en casa de mi padre. Durante algunas semanas, Fray Solá fue nuestro “tío Juan” quien, por obvias razones, vestía de civil y con boina.

Recordarán que les he contado acerca de las penurias económicas de mi padre cuando después de la Revolución Libertadora, con la destrucción de la obra del monumento a Eva Perón, pierde su casa. Pues bien, en esa ocasión, son los frailes franciscanos quienes nos dan asilo. Durante cuatro años vivimos dentro del convento. Mi madre se muda a casa de mi abuela con mis hermanos menores y nosotros, los mayores, yo tendría doce o trece años, nos vamos a la ciudad de Corrientes para ayudar a mi padre. Trabajamos junto a él hasta que ahorramos para comprar una nueva casa. Catalina Gross, una monja alemana, fundó una congregación llamada Misioneras Marianas del Espíritu Santo. Se dedicaban al cuidado y educación de niños pequeños. Ella tenía una casa en la calle Manuel Castro 176, en Lomas de Zamora. Con los ahorros más una serie de cuadros que mi padre realiza para su iglesia, el hogar de la congregación se convierte en nuestra casa. Y en 1960 comenzamos a restaurar en el convento de San Francisco, que había sido destruido por el incendio de 1955.

La vida tiene estas cosas; si uno es generoso, amor con amor se paga. Creo que son dos buenos ejemplos de la forma en que la historia se va narrando en ciclos. Me fascina la manera en que se enlazan las distintas generaciones en un encuentro de biografías. Así se va urdiendo la trama contextual que une a la gente y a los pueblos. Es la historia dentro de la historia.


6 Respuestas a “Las vueltas de la vida”

  • Susana Dijo:

    Me encantó esta historia de “las vueltas de la vida”, ciclos que no concluyen y se reinician. Sucede en muchas familias si uno se pone a investigar. Mi hija,por ejemplo , está viviendo en Suiza muy cerca de donde vienen algunos familiares de su abuela materna y por parte de su padre también.
    También es muy bueno eso de que la vida nos devuelve con creces aquello que damos con amor. Es realmente así.

  • Marisa Dijo:

    Quiero confiar en el corolario de esta historia “amor con amor se paga” y seguir apostando, a pesar de todo, en que la vida nos devuelva con creces lo que hacemos con amor.

  • Beatriz Agratti Dijo:

    “Yo soy como aquél que lleva consigo un ladrillo para mostrar al mundo como era su casa.” dice Bertolt Brecht en alguna de sus obras.
    Ese ladrillo es nuestra historia familiar, de donde provenimos, quienes somos en base a quienes fueron nuestros abuelos, nuestros padres y sus propias historias. Cuando conocemos esas historias con sus ires y venires, nos ahorramos unas cuantas citas con el psicoanalista porque logramos entender varias incógnitas. Es como una memoria genético psicológica que nos marca para siempre y lo malo es no poder entender de donde vienen. Es una suerte que usted sepa bien quien fue su abuelo, porque decidió emigrar a Argentina, país donde no sólo encontró trabajo, cobijo,logros, sino también paz.
    Lástima que luego la historia nos dio otra sorpresa, una lección lamentable.
    Saludos caballero. Me encantan sus historias. Creo que no serìa mala idea ir organizando un libro. Con gusto cuando vuelva por el sur compraré una pieza hecha por sus manos para regalar a algún amigohermano mexicano, y también el libro, para enseñarle de donde proviene.
    Se cumple aquello del ladrillo.

  • Juan Carlos Dijo:

    Hola Beatriz, me gustó lo del ladrillo para contar como es la casa: “Yo soy como aquel que lleva consigo un ladrillo para mostrarle al mundo como era su casa”. Esto lo dice Bertolt Brecht en una de sus obras. Pero yo no sé si es bueno llevar un ladrillo para saber cómo es tu casa, pero poner un puñadito de arena o de tierra no está de más.
    Yo tengo el puñadito de tierra de la casa de mi papá, está puesto en un relicario que hice con una tapa de cristal, así puedo verla. Una de las escenas cinematográficas que más me ha impresionado ocurre en “Lo que el Viento se llevó”, cuando el padre le dice a Scarlett O’Hara que para un irlandés no hay nada más importante que la tierra. Ella entonces toma conciencia de lo que estaba pisando, de las palabras de su padre. Después de la guerra, en la más absoluta miseria, trabajaban como bestias y ni agua tenían, y ella se tira al piso para comer una raíz, porque estaba muerta de hambre y trata de morder la tierra para sacar una raíz y ahí se da cuenta de la tragedia. Se sentía denigrada por estar comiendo raíces como si fuera un animal, pero al mirar la tierra nuevamente, dice que tiene que seguir luchando por ella y recuerda las palabras de su padre. Es muy importante llevar un ladrillo. Yo tengo ladrillos de mis casas anteriores. Por ejemplo, tengo un ladrillo que me regalaron de la Posta de Figueroa donde tuvo lugar la entrevista entre Rosas y Facundo Quiroga, esto es entre San Antonio de Areco y San Andrés de Giles. También tengo una teja del Convento de San Francisco, tengo muchos objetos, pedacitos de cosas y es importante porque todo eso está cargado de energía, sobretodo, porque son referentes de la historia, de lugares, de hechos. Amiga, siga llevando el ladrillo. Es como una memoria genético-psicológica que nos marca para siempre, y lo malo es no poder entender de dónde viene. Muchas gracias. Juan

  • Juan Carlos Dijo:

    Sin duda es así. Y la vida es un milagro. Gracias por escribir. Juan

  • Juan Carlos Dijo:

    Hola Susana, gracias por compartir otra historia sobre “vueltas de la vida” de padres e hijos. Saludos. Juan Carlos

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